«Me he preguntado a menudo con asombro cómo es que, amándose cada uno a sí mismo más que a todos los demás, da sin embargo menos valor a su propia opinión sobre sí mismo que a la de los otros.»
Una de las paradojas más brillantes de Meditaciones: nos queremos más que a nadie, pero entregamos nuestra autoestima al veredicto de desconocidos. Recuperar el propio juicio es recuperar la libertad.